Son las 12 pm, una gota de sudor cae por tu frente, tienes que recoger a tus hijos en la escuela. Tu jefe te dio 2 horas para regresar al trabajo. Todo parece sencillo, solo se trata de un par de maniobras a bordo de tu Aveo del 2005, que por cierto sufre un pequeño problema en la caja de cambios.

¿Qué podría ocurrir en una ciudad tan pequeña? Tal vez su bipolar clima sea el único obstáculo. Al parecer todo sería tan sencillo de no ser por un detalle que estabas consciente que era parte de tu realidad, pero aun así te molesta: la interminable fila de autos, la irritante melodía de bocinas, el elevado vocabulario de los conductores, ¡ah! Y la caja de cambios descompuesta.

La vida te entrega diferentes momentos similares a un atasco de tránsito en donde es una misión imposible guardar la calma y peor aún sonreír. El trabajo que tanto anhelabas jamás se dio, el título que esperabas colgar en la pared nunca llegó, el auto que deseabas sigue estacionado en la concesionaria, la chica o chico que te gusta porta en su dedo un anillo de compromiso que tú no le pusiste.

Y la lista de cosas inalcanzables se vuelve parte del cajón donde guardas los éxitos que jamás lograste, estamos ahí, justo en medio del atasco, pareciera que el semáforo se burla de los mal humorados conductores, ¿qué podría estar peor? tal vez este trajín ya es parte de tu diario vivir.

Cuando esta situación se presenta en tu vida es fácil distinguir quién realmente eres, es difícil conocerte cuando todo a tu alrededor es calma y paz pues así es más fácil ocultar tu verdadera cara. Muéstrame una calle congestionada y te presentaré las personas más reales que jamás podrías conocer ni si quiera en tu iglesia.

Muéstrame un atasco y te presento a los que pueden controlar su ira.

Esa línea me dolió escribir pues somos muchos los que nos estresamos en medio de estas situaciones. Un proverbio chino dice: El peor enemigo de una persona es él mismo. Si podemos vencer nuestro propio interior que está a punto de explotar y de actuar como un demente, hemos podido controlar a nuestro mayor enemigo.

Hoy es un atasco, mañana puede ser una fila en el banco o en el supermercado, no importa dónde estés, de alguna manera siempre nos presentaremos frente a una situación que cumpla todas las condiciones para sacarnos de nuestras casillas.

Estimado lector, cada vez que te encuentres en un atasco mira a tu alrededor y respira. Al final del día esta situación terminará, el enojarte no hará que todos los autos te abran paso para que llegues pronto a tu destino. Tal vez Dios te sigue poniendo frente a una nueva prueba, porque quizá aún no está muy claro al momento que declaras ser su seguidor.

Por mi parte, nos vemos en supletorios.

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