Los conflictos son parte de nuestras relaciones. Por tanto, si estás ante un conflicto confróntalo con sabiduría. ¡No huyas!

Se consciente que los conflictos son inevitables. Siempre te vas a cruzar por la arena de un conflicto grande, mediano o pequeño. Tu reacción ante cualquier conflicto es el resultado de tu carácter. Si en el momento de una aflicción te desanimas o la evades, muy limitada es la fortaleza de tu carácter, dicen los proverbios bíblicos. Sin embargo, nunca participes en conflicto ajeno a menos que seas invitado a ser parte de la solución.

Determina si el conflicto es una barricada que quitar. La tendencia natural es tratar las consecuencias del conflicto y no la causa, por lo tanto, la mejor manera de tratar el conflicto es remover la causa. El sabio Salomón dijo: “despide al insolente, y se irá la discordia y cesarán los pleitos y los insultos.   Recuerda también que sin leña se apaga el fuego y la respuesta suave calma el enojo.

El conflicto es causado por palabras equivocadas en el lugar equivocado, o por palabras apropiadas, pero en el momento incorrecto, por lo tanto, es importante escuchar para conocer, mirar para tener el cuadro completo, procesar para entender y pensar para hablar. Nunca te apresures a emitir un juicio, o a tomar una decisión.

Cuando seas un mediador siempre escucha las dos partes de los involucrados en un conflicto. Escuchar es tu mejor regalo para los demás y para ti mismo. El sabio oirá, se dice la Biblia.

La capacidad que uno tenga para tratar los conflictos determinara la calidad de conexión e influencia que se logre en cualquier entorno relacional.

 

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