Hola, pensar en ti es sonreír y agradecer al cielo por cada segundo que comparto a tu lado.

Hoy entiendo que esperarte valió la pena, que cuidar mi corazón, mi vida y mi cuerpo para ti, fue una buena decisión, pero de todas, la más acertada eres tú.

Puedo vivir sin ti, lo sé, pero no quiero, al contrario, quiero los días que me restan a tu lado. Los sueños, las locuras, las risas y los llantos.

Miro atrás y veo todo lo que hemos construido, hemos sido valientes al asumir el reto de amarnos y de hacerlo bien, como el cielo manda.

En este viaje, tú eres mi mejor aliado, mi mayor cómplice y mi maestro. Eres todo eso que un día soñé a los pies del Señor, y mucho más.

Gracias por todo lo que eres, por inspirarme, por hacerme sonreír en los días más difíciles; por no dejarme caer, por lavar mis heridas y levantar mi rostro. Por pelear por mí.

Porque en tu imperfección, me deleito, aprendo de tu gentil corazón y me conmueve tu bondad. Gracias por buscar ser la mejor versión de ti, para mí.

Me siento orgullosa de quien eres y de la maravillosa persona en la que te conviertes, aquí he estado, estoy y estaré para aplaudir tus triunfos, librar batallas contigo y recordarte cada día, que Dios sigue creyendo en ti y en nosotros.

Miro atrás y estás tú, miro junto a mí y aquí estás, quiero que llegue el mañana y seguir viéndote cerca mío.

Gracias, por tanto, por todo, porque a tu lado son mis mejores días, y uno como hoy, agradezco al cielo porque estás tú y porque estamos juntos, hasta el final.

Te amo.

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