AHOGA LA TRISTEZA

Ayer leí un artículo escrito por el predicador español Juan Antonio Monroy con respecto a la tristeza y quiero compartir parafraseando algunas ideas que encontré.

En Ecuador tenemos motivos de sobra para sentirnos tristes.  Estamos en recesión, aumento en los índices de desempleo, bajos salarios, divorcios, conflictos familiares, enfermedades…

Algunos especialistas que han realizado estudios acerca de la tristeza, nos indican que uno de los principales efectos es que deforma la realidad. La persona triste ve la vida y la juzga de acuerdo a su prisma interior.

La tristeza conduce al pesimismo, y otro tanto puede decirse del efecto contrario: todos los pesimistas son necesariamente tristes. La persona triste se vuelve ruda y severa para con los demás, suspicaz y dispuesta siempre a dar la peor interpretación a los actos de quienes la rodean.  La tristeza paraliza el ánimo. La tristeza mata la fe y las esperanzas. La persona triste no mira hacia adelante. Lo ve todo gris, nada merece la pena. No se detiene a pensar que al final de todos los ríos está el océano.

Fuera de nuestro círculo cristiano, algunos quieren ahogar la tristeza por medio del alcohol, remedios que no sirven, placeres pasajeros.  Dios en la Biblia nos da una solución efectiva, escrita por David quien experimento tristeza.  El escribió: Lloro con tristeza; aliéntame con tu palabra. (Sal 119: 28)

Para vencer la tristeza nada mejor como colocar a Dios entre Él y nuestra vida interior. Entonces, la Palabra de Dios hará que de nuestro corazón brotará un río de agua viva que ahogará la tristeza para siempre.

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By |2018-09-11T08:55:17+00:0011 septiembre, 2018|Vida Cristiana|

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